11 mar. 2009

Con los Marin

Llevaba días esperando que el pequeño barco que va hasta Wuanam, la villa de Mr. Gueren saliera de puerto y de la misma manera, día tras día, el bote acababa abortando su salida debido a las inclemencias del tiempo. Yo ya necesitaba un poco de aire y salir de Merauke así que, un poco a la desesperada, me tracé una ruta por tierra a lo largo de la costa pasando por Kumbe, Okaba e intentar llegar finalmente a Wuanam. Cogí un autobús y a pesar de que la carretera está destrozada por tramos debido a los abundantes aguaceros de la temporada de lluvias llegué finalmente a Kumbe. Allí se cruza un río que tuve que atravesar en un barco para darme cuenta que aparte de los prohibitivos precios que me pedían para llegar a Okaba, nadie me podía asegurar que iba a llegar al destino final. En el autobús iba Ceci una de las alumnas de Mr Paul que me dijo que si quería, me podía quedar en su pueblo así que nos dimos la vuelta y retorné hasta llegar a Wendu. Después de dar algunas vueltas por varias casas del pueblo acabé en la iglesia. El párroco se había ido a pasar la noche a Merauke así que acabé durmiendo en un cuarto anexo a la iglesia con los obreros que estaban reformando el edificio.
En los alrededores de Merauke existen muchisimas etnias di
ferentes, cada una con su lenguaje, cultura e incluso rasgos físicos diferenciados. En concreto en Wendu, la tribu dominante es la de los Marin, aunque también puedes encontrar mezclados yaghai, muyus o incluso asmat, procedentes de las tierras pantanosas cercanas al pueblo de Agats, a dos días de barco de aquí.
La gente me había dicho que el cura hablaba inglés, pero lo cierto era que su dominio del idioma era tan básico como el mío de indonesio; sin embargo a él le ayudaba Melchi, un chico de Papua Nueva Guinea (que por supuesto era el único que hablaba inglés) y en el que me apoyaba cuando mi indonesio no llegaba para más.
Esta semana el párroco se había dedicado a
ir bendiciendo casa por casa, así que yo me uní a la comitiva que iba detrás de el tocando la música con tambores y con los atavíos tradicionales basados en hojas de cocoteros. La gente aquí es tremendamente cristiana y todo el mundo va a la iglesia o participa en estos eventos.
Me pasé cuatro días en la villa viviendo la vida tranquila y disfrutando de la compañía de la gente que armándose de mucha paciencia y con la ayuda esporádica de mi diccionario (también a veces de la mímica) se sentaban conmigo a conversar.
Por la noche del ultimo día se montaron en la villa un Ramae, una reunión de toda la gente de la villa y los alrededores para cerrar de esa manera la semana de la Eucaristía. Aparte de tener la oportunidad de probar algunas delicias como carne de perro en adobo o sagu kelapa (lo mismo que en Papua nueva guinea, pero preparado de una manera distinta y mucho más apetecible) pude quedarme dormido oyendo como cerraban la noche montando una discoteca al estilo de Papua: cantando y tocando los tambores alrededor de una hoguera.

1 comentarios:

Lucas dijo...

Un año!!! acabas de cumplir un años de vivelavida!! enhorabuena! muchos ánimos para la vuelta que te va a hacer muuuuuuuuuuucha falta!!!

Bueno, ya me contarás, a ver si haces una reunión charleta que le tengo ganas a tus historias... pero de primera mano!

Ánimo!! un abrazo!!