16 abr. 2009

En casa

Después de estar alejado del blog durante casi un mes, y de comprender un poco más esas películas en las que un escritor en crisis de inspiración se sentaba delante de una máquina de escribir con un papel en blanco y un café, esperando que, con poco o ningún éxito, las palabras surgieran, al fin me siento para contarles como me fue la vuelta a mi tierra, las Islas Canarias.
Volví a Madrid hace casi 3 semanas y acto seguido a Tenerife. Cometí la, según algunos, locura de volver al trabajo al día siguiente de volver, aspecto que no he llevado del todo mal. A veces pienso que ha sido lo mejor, no permitirme el lujo de dejar tiempo para pensar y volver directamente “al tajo”.
Parece increíble pero ya tengo la sensación que todo queda un poco lejano. Siempre procuro sacar un rato al día para, organizando fotos, contestando o enviando correos a gente que conocí durante el viaje o aprovechando con algún amigo delante de un café o con cualquier otra triquiñuela, rememorar un poco las experiencias que viví durante la travesía.
Mis impresiones sobre este viaje han sido maravillosas; fue sin duda la realización de un sueño y ha colmado las mejores expectativas con las que partí. He aprendido un poco más sobre la cultura musulmana (he estado en 15 países con mayoría de esa religión) que es una gran desconocida para nosotros y también he disfrutado de lugares tan impresionantes como Pakistán, Indonesia o Papúa Nueva Guinea . También me quedan en la memoria todas las personas que conocí durante este viaje y que sé, que por desgracia y con casi con toda probabilidad, no volveré a ver porque simplemente están tan tan lejos!
También me entretengo a veces echando una ojeada al mapamundi que cuelga en mi habitación planeando en mi mente un nuevo sueño y como volver a la ruta; eso sí, siendo consciente que aunar el tiempo y el dinero que hacen falta para ello (a veces parámetros incompatibles) es bastante complicado.
Espero que me rediman por esta larga ausencia y para ello pongo un montaje de panorámica de algún lugar en el que estuve (habrá más)

En las próximas fechas colgaré algunos datos más…

16 mar. 2009

Sorong

Sorong es una ciudad al noroeste de la Isla de Papua. Como en Merauke, en la ciudad hay muchos de los grupos étnicos de los distintos archipiélagos de Indonesia. Una vez más llegué a un lugar en el que fui acogido durante una semana por una familia procedente de la cercana Isla de Biak que me trataron a las mil maravillas. En la vivienda en la que me quedaba convivía con no menos de 15 personas, casi todos ellos niños con los que una vez más me divertia mucho jugando.
Alrededor de la ciudad hay muchísimas islas paradisíacas como la isla de Matam donde nos fuimos de picnic o la de Raja Ampat, donde me quedé con otro de los hijos de la familia. Sin duda he de decir que tanto en Indonesia como sobre todo en Papúa ha sido una experiencia increíble, llena de gente maravillosa, detallistas, hospitalarias y con un gran sentido de la solidaridad. Cuando el policía de aduanas me puso el sello de salida tuve la certeza y sin ninguna duda que vo
lveré alguna vez a este país.

13 mar. 2009

Crucero por los mares de Papua

Finalmente abandoné el área de Merauke y sus alrededores para coger el barco de la compañía marítima Pelni, la más importante de Indonesia. Mis amigos me fueron a despedir al barco e inicié la travesía hasta Sorong; nada menos que cuatro días y tres noches a bordo del ferry. Cada una de las cubiertas de la clase económica tiene unas bancadas de tablas de madera en las que cada uno pone su colchón, su aislante o bien, como en mi caso la sábana que me ha acompañado en tantas ocasiones. El ambiente es un poco opresivo por el calor pero no es del todo desagradable. A mi lado habia gente de Papua y algunas otras personas de otros lugares de Indonesia como Sulawesi o Kalimantan.
A estribor ya nos acompañaba la oscuridad de la cercana Papua y a babor se vislumbraba las brillantes luces de la no tan lejana Australia. El mar, generalmente, se encontraba un poco picado por lo que los pasajeros se mareaban con bastante frecuencia. En dos dias ya nos habiamos desplazado desde Merauke hasta Agats, lo que no era más que el primer tramo del viaje.
En Agats, la tierra de los Asmat, no hay puerto, asi que en mitad de la noche y nada más atracar, se acercaron decenas de botes a dejar y recoger a la gente. Desde la cubierta se ve la selva y las tierras pantanosas que rodean el pueblo. Posteriormente fuimos parando en sucesivos puertos como Timika, Fak Fak hasta llegar finalmente a Sorong, mi destino final al noroeste de la Isla de Papua. En el transcurso del viaje la gente se divierte como puede, ya sea jugando al ajedrez, a las cartas o simplemente manteniendo una conversación. Es una experiencia bastante divertida aunque eso sí, si dominas un poco el idioma ya que solo me encontré dos personas que hablaran un poco en inglés.

11 mar. 2009

Con los Marin

Llevaba días esperando que el pequeño barco que va hasta Wuanam, la villa de Mr. Gueren saliera de puerto y de la misma manera, día tras día, el bote acababa abortando su salida debido a las inclemencias del tiempo. Yo ya necesitaba un poco de aire y salir de Merauke así que, un poco a la desesperada, me tracé una ruta por tierra a lo largo de la costa pasando por Kumbe, Okaba e intentar llegar finalmente a Wuanam. Cogí un autobús y a pesar de que la carretera está destrozada por tramos debido a los abundantes aguaceros de la temporada de lluvias llegué finalmente a Kumbe. Allí se cruza un río que tuve que atravesar en un barco para darme cuenta que aparte de los prohibitivos precios que me pedían para llegar a Okaba, nadie me podía asegurar que iba a llegar al destino final. En el autobús iba Ceci una de las alumnas de Mr Paul que me dijo que si quería, me podía quedar en su pueblo así que nos dimos la vuelta y retorné hasta llegar a Wendu. Después de dar algunas vueltas por varias casas del pueblo acabé en la iglesia. El párroco se había ido a pasar la noche a Merauke así que acabé durmiendo en un cuarto anexo a la iglesia con los obreros que estaban reformando el edificio.
En los alrededores de Merauke existen muchisimas etnias di
ferentes, cada una con su lenguaje, cultura e incluso rasgos físicos diferenciados. En concreto en Wendu, la tribu dominante es la de los Marin, aunque también puedes encontrar mezclados yaghai, muyus o incluso asmat, procedentes de las tierras pantanosas cercanas al pueblo de Agats, a dos días de barco de aquí.
La gente me había dicho que el cura hablaba inglés, pero lo cierto era que su dominio del idioma era tan básico como el mío de indonesio; sin embargo a él le ayudaba Melchi, un chico de Papua Nueva Guinea (que por supuesto era el único que hablaba inglés) y en el que me apoyaba cuando mi indonesio no llegaba para más.
Esta semana el párroco se había dedicado a
ir bendiciendo casa por casa, así que yo me uní a la comitiva que iba detrás de el tocando la música con tambores y con los atavíos tradicionales basados en hojas de cocoteros. La gente aquí es tremendamente cristiana y todo el mundo va a la iglesia o participa en estos eventos.
Me pasé cuatro días en la villa viviendo la vida tranquila y disfrutando de la compañía de la gente que armándose de mucha paciencia y con la ayuda esporádica de mi diccionario (también a veces de la mímica) se sentaban conmigo a conversar.
Por la noche del ultimo día se montaron en la villa un Ramae, una reunión de toda la gente de la villa y los alrededores para cerrar de esa manera la semana de la Eucaristía. Aparte de tener la oportunidad de probar algunas delicias como carne de perro en adobo o sagu kelapa (lo mismo que en Papua nueva guinea, pero preparado de una manera distinta y mucho más apetecible) pude quedarme dormido oyendo como cerraban la noche montando una discoteca al estilo de Papua: cantando y tocando los tambores alrededor de una hoguera.

9 mar. 2009

Aprendiendo bahasa indonesia

La ciudad de Merauke, al sur de la isla de Papúa y a escasas 3 horas de la frontera con PNG ha sufrido un crecimiento exponencial en los últimos años. Siguiendo la política del gobierno indonesio de repoblar Papua con inmigrantes procedentes de otros lugares de Indonesia, la ciudad esta llena de gente de Java, Sumatra, Sulawesi o Las Molucas. Yo llegué al aeropuerto temprano y me puse a hablar con la gente de los alrededores y acabé trabando conversación con dos papúos (Gueren y Paul) que hablaban inglés y que tenían un amigo por allí que se ofreció a alojarme en su casa. Iwan, una persona muy divertida y vital que procede de las Molucas y casado con una javanesa vive cerca del mercado viejo, en el centro de la ciudad. Su casa no tiene más mobiliario que un colchón, pero ellos me han ofrecido su hospitalidad con lo mejor que tienen. De hecho, con el tiempo me vine a enterar de que ellos se habian mudado a la casa del vecino por dejarme espacio libre a mi y por tanto, el vecino se habia ido a dormir al salon.... simplemente increíble.
Lo mejor de Merauke es la playa que tiene la peculiaridad de ser muy poco profunda, lo que produce que las importantes mareas retiren el mar hasta 10 kilómetros hacia adentro. Aquí es difícil planear movimientos por los alrededores porque estás sujeto a las inclemencias del tiempo, que dentro de la estación lluviosa suele ser bastante cambiante, así que estaba un poco estancado y sin poder salir de la ciudad. Al menos estos días se celebraba el aniversario de la fundación de la ciudad y había muchas actividades: desfiles de carnaval de los distintos grupos étnicos que hay en Merauke y también de cuando en cuando algún concierto de música por las noches.
Yo al segundo día de estar allí y tras darme cuenta que con mis treinta o cuarenta palabras en su idioma lo iba a pasar un poco mal (ni Iwan ni ninguno de sus vecinos hablaba inglés) y dado que además tenía mucho tiempo libre, decidí empezar a estudiar indonesio. Me fui a una librería, me compré un diccionario y en unos días había aprendido suficientes palabras como para poder empezar a comunicarme de una manera básica. El indonesio es un idioma muy sencillo, no tiene verbos irregulares y además es bastante divertido de aprender, así que cuando empecé a ver que conseguía resultados, ésto me sirvió de motivación extra para ponerme a estudiar todas las mañanas y pasarme todas las tardes y noches hablando con la gente.
Después de todo he pasado más de dos semanas en Merauke y desde luego, cuando pasas suficiente tiempo en un lugar, es cuando empiezas a enterarte de como es realmente la vida y las historias de la gente de aquí.

28 feb. 2009

De vuelta hacia Vanimo y Jayapura

Nos despedimos de Albert y Anna y tomamos rumbo al aeropuerto para tomar nuestro vuelo de vuelta a Vanimo. El aeropuerto de Madang es pequeño, con una terminal que no creo que tenga mas de 200 m2. Advertimos enseguida la presencia de muchos militares en el vuelo, pero no le dimos demasiada importancia. Cuando llegamos a Vanimo, Gabriel nos estaba esperando en la terminal para llevarnos a su casa y allí nos explicó que el día anterior habían sucedido unos disturbios en el pueblo con un enfrentamiento entre la policía y los guardaespaldas del ministro forestal; así pues resultaba que los militares que venían en el avión era la brigada móvil que venia al pueblo para poner un poco mas de presencia militar en las calles. La situación estaba un poco tensa y eso se respiraba en el ambiente. El mercado del centro del pueblo había sido arrasado el día anterior y estaba cerrado. Aun así no había problemas para caminar por el centro de Vanimo, pero se notaba menos actividad en las calles, los mercados desabastecidos y todo el mundo pendiente de las noticias del periódico. Nosotros, alejados un poco de esta situación, nos dedicamos a lo de siempre, a darnos nuestros baños en la playa por las tardes y pasear por el pueblo.
La ultima noche aquí le habíamos prometido a Gabriel, Morine y Carlitos que íbamos a preparar una cena con comida española, Nuria una tortilla de papas y yo una ensaladilla rusa. La búsqueda para encontrar los ingredientes nos llevó por todos los supermercados y los mercados de Vanimo pero al final (más o menos) conseguimos todo. Por la noche aparecieron también la otra voluntaria del pueblo, Rosemary y tres invitados japoneses que trabajan también en ONGs en otros lugares de Papua Nueva Guinea, así que montamos nuestra pequeña fiesta de despedida particular en casa de Gabriel.
De todas maneras, y bien pensado, vivir en un sitio como Vanimo tiene que ser bastante duro; cierto que es un sitio muy tranquilo, pero es difícil hacer amigos duraderos aquí y supongo que también hay que ser muy fuerte de mente para poder soportar la soledad de este lugar.
Nos despedimos con gran pena de Papua Nueva Guinea para volver con destino a mi segundo hogar, Jayapura. Han sido 16 días geniales en este país y me he quedado con muchas ganas de volver en otra ocasión.
Habíamos oído historias de corrupción en la frontera al pasar por la frontera de Indonesia (no en el lado de PNG) pero la verdad es que en esta ocasión no tuvimos ningún problema; hasta los soldados indonesios se sacaron la pistola para sacarse una foto con nosotros. Ya nos habíamos acostumbrado a que la gente se comunicara en inglés así que la vuelta fue de nuevo un luchar por hacerse entender con mi básico bahasa. Esta vez tuvimos suerte con los transportes y a mitad de día estabamos de vuelta en Jayapura. Era el ultimo día de las vacaciones de Nuria con lo que nos despedimos también de los amigos papúos que habíamos hecho aquí, y que acabaron hasta haciéndole a Nuria su peinado al estilo papúo antes de salir. Una vez más, después de un mes muy bien acompañado, me vuelvo a quedar solo y emprenderé ruta hacia el sur de Papua, para pasar un mes en una zona bastante poco accesible y en la que seguramente tendré que armarme de mucha paciencia.

25 feb. 2009

La ciudad de los murciélagos

Nada más atracar en Madang, lo primero que ves desde el barco son los árboles completamente repletos de enormes murciélagos, posados en ellos o revoloteando por el cielo de la ciudad y emitiendo chillidos. Hemos intentado preguntar a varias personas el porqué de que estos animales estén solamente en esta ciudad pero nadie nos supo dar una respuesta.
Madang es la joya del escaso turismo que viene a Papua Nueva Guinea. La ciudad esta muy limpia y llena de jardines con césped y bastante bien cuidados; de hecho a cualquiera que arroje basura al suelo le pueden imponer una multa de 20 kinas (unos 6 euros). Nos ha sorprendido ver a los papúos cortando el césped a machete y con una habilidad increíble.
Nos alojamos en la Lutheran guesthouse y nos dedicamos a pasear un poco en la ciudad. Yo sabía por Maika y Vanessa, dos catalanas con las que compartí viaje durante un par de días en Ray Leh (Tailandia) que una amiga de ellas estaba viviendo en Madang. Gabriel nos había dado el teléfono de Marlene, una voluntaria holandesa, así que nos pusimos en contacto con ella y al final nos condujo hasta la casa de Anna y Albert.
En su casa conocimos a algunos otros de los extranjeros que están trabajando en Madang: a Giuseppe, italiano, a Pascal, francés, a Marlene y Yolanda, holandesas, a Ona, australiana..
Esos días nos dedicamos a recorrer un poco las islas de los alrededores que son auténticos paraísos para hacer snorkelling o submarinismo. Al contrario que en Indonesia, Tailandia o Filipinas, las tácticas de pesca en PNG no han sido tan agresivas y los corales están bastante intactos. El segundo día, por ejemplo fuimos a la isla de Siar que es un pequeño islote a 10 minutos en barco de Madang y la rodeamos con las gafas y el tubo que nos habían prestado Anna y Albert... ¡que corales!, !que corales!, de todos los colores y formas; cuando te bajabas 3 ó 4 metros y te quedabas durante unos segundos enfrente de ellos era como para morirse.
Ellos nos pusieron en contacto con Jan, un americano que lleva viviendo en PNG cerca de tres décadas y que se va todos los sábados a hacer submarinismo con su pequeña lancha. Nuria aprovechó para hacer una inmersión con él pero yo, que sigo sin meterme en este mundo del submarinismo, me quedé en la superficie haciendo snorkelling.
Anna y Albert, con los que no paramos la pata, nos acercaron a un lugar que llaman “el agujero del mundo” a unos 40 kilómetros al norte de Madang, en donde se puede pasar de una piscina natural interior hacia el mar a través de un pasadizo submarino de unos cuantos metros. El paisaje durante el camino es espectacular, miles de cocoteros al lado de la carretera y el mar de fondo.
El último día nos fuimos con ellos y todos sus amigos de barbacoa a la isla de Krangket, otra islita a escasos kilómetros en bote de Madang. Allí había una pequeña parrillita y nos pusimos las botas a comer hamburguesas y salchichas y a darnos un refrescante bañito de vez cuando en la playa de agua de color turquesa.
Por las noches nos íbamos a cenar a algún restaurante o nos quedábamos en casa hablando y cenando en un ambiente realmente agradable. La verdad que he de decir que la acogida que nos hicieron Anna y Albert, fue como sentirse de nuevo en casa. Hasta un pequeño detalle como los cafés matinales (con una cafetera de verdad) era algo que a mi me sabia a gloria. Para alguien que lleva más de diez meses viajando, que te hagan sentir así es algo que no se puede agradecer con palabras pero aún así... ¡muchísimas gracias de todo corazón!.