14 jun. 2008

Bukhara

Uzbekistán, igual que Turkmenistán es una república con uno de esos presidentes vitalicios que se reeligen mediante una sospechosa y abrumadora mayoría en cada votación. El país es un gran desierto en su zona central y oeste pero mas montaňoso y verde en las áreas limítrofes con Tayikistán y Kyrgyztan.
Nada más pasar la frontera volví a tener la misma riňa con los taxistas; creo que va a ser una constante durante mi viaje por Asia Central.
En menos de 2 horas me puse en la ciudad de Bukhara, uno de los nudos más importantes de la ruta de la seda junto con Khiva y Samarkanda, también en Uzbekistán.
En Bukhara, los hoteles son relativamente caros pero de mejor calidad (entiéndase dentro del marco de este viaje). Cuando hace tanto calor como estos días, por encima de 40 grados a mediodía, agradeces tener un refugio con aire acondicionado donde poder escapar del fuego del mediodía.
Nada más llegar, me di cuenta que la ciudad vieja esta orientada al turismo. Alrededor de un estanque que está en el centro de la ciudad (Lyabi Hauz) hay unos cuantos chiringuitos a modo de cafés restaurantes.
La ciudad esta llena de mezquitas, madrazas, minaretes…y tiendas de souvenir.
Lo mejor de la ciudad es el minarete Kuton de 47 m. de altura que en 850 aňos apenas ha sido restaurado. Parece ser que ni el propio Genghis Khan cuando arrasó la ciudad se atrevió a destruirlo . Tiene 14 bandas longitudinales, cada una con inscripciones geométricas diferenciadas y encajonado entre una espectacular mezquita (también Kalon) y una no menos espectacular madraza (Mir-i-Arab) rematadas con cúpulas de color azul. También me atrajo el pequeňo mausoleo de Ismail Samani con espectaculares labrados de piedra y en el que la gente se para a dedicar oraciones.

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