5 jun. 2008

Yadz

Yadz ha sido para mí uno de los sitios donde más relajadamente he disfrutado de la ciudad. Las temperaturas empiezan a apretar y a mediodía es muy difícil caminar bajo el sol del desierto. En la ciudad hay una serie de hoteles construidos en antiguas karavanserai que tienen preparados para que podamos estar allí refugiados del calor diurno. Aquí llegue con Cecil y Davide, pero también me volví a encontrar con Oliver, Johannes, Christoff y con dos parejas, alemana y brasileña, que como Oli, también viajan en todoterreno por el mundo. Lo mejor es levantarse temprano y salir a dar un paseo entre las calles de adobe para ver alguna casa histórica, los bazares o alguna mezquita. Después de ese paseo, a vegetar durante buena parte de día: desayuno, almuerzo y entre medias algún que otro batido de dátiles y charlas interminables, sobre todo de viajes; con mis amigos italianos me iba mejor porque cuando encontrábamos una palabra en inglés que no sabíamos, la decíamos en nuestro propio idioma y normalmente funcionaba. Con la fresca de la tarde siempre había un paseíto, a buscar la foto de complejo Chakhmaq al atardecer, a tomar un té o a buscar alguna fruta u otra cosa por la ciudad.
Aquí nos invito a su casa un señor a tomar té; la cosa es que cuando llegamos a su casa la situación fue un tanto embarazosa. Tenían una tienda de campaña montada en el salón. Parece ser que la hija era un poco tímida aunque como no la llegamos a ver nunca, solo el movimiento dentro de la caseta, nuestras especulaciones sobre si habría algún tipo de monstruo allí fueron a más. Para colmo, a su mujer el hombre la trataba como una parte más del mobiliario, en una esquina de salón o en la cocina, sin interaccionar lo más mínimo y a la espera de la orden del super-ser-masculino. En fin, estuvo bien abrir los ojos a lo que se cuece por dentro en las casas de la gente más conservadora.
En Yadz están algunos de los lugares más sagrados del Zorotraísmo, como el monasterio de Chak Chak que visité en una excursión de un día con Oli y Jo, o el fuego del templo Ateshkadeh, el cual, según cuentan, lleva ardiendo más de 1500 años de forma continuada.
Sin duda, lo mejor arquitectónicamente de la ciudad es el complejo de Chakhmaq, construido para conmemorar la muerte del Imán Hussein y en el cual, desde su cima hay unas magníficas vistas de la ciudad.

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