12 ago. 2008

En bici a 3.700 m. de altura

Al siguiente día de llegar a Murgab, Al y yo nos cogimos una bicicleta para hacer el camino hasta Madian, un pequeño y remoto pueblo en el interior de los Pamir. Nos esperaban 46 Km. de carretera de tierra hasta llegar allí. Los pequeños pueblitos que fuimos atravesando están muchas veces abandonados. A mí se me estaba haciendo duro hasta que me dí cuenta que durante un buen rato llevaba una rueda en el suelo. Ahí volvió McGiver al ataque y el complicadísimo proceso de cambiar la rueda de la bici nos llevó más de una hora.
De camino a Madian paramos en un pueblito donde un simpático Kyrgyz de nombre Karim nos invitó a tomar un té y a comer algo. Al final también nos convidó a que pasaramos a la vuelta a comer pescado del río.
Al final, después de tanta vuelta se nos hizo pesado llegar. La carretera está muy bacheada y parecía que me habían dado una paliza en donde ustedes ya se imaginan.
Nos quedamos a dormir con una familia que tenían una casa al final de la carretera. Es increíble ver las condiciones en las que vive esta gente ; me puedo imaginar en invierno con todo nevado y a -40 ó -50 C°.
P
ara comer en esta zona, todo está basado en el pan, smetana, kefir y té. También preparan fideos a los que les ponen algunas hierbas. La electricidad la proporciona una pequeña batería que da para alimentar una bombilla durante media hora.
Para dormir nos quedamos en una yurta con los abuelos de la familia. Cuando salí a lavarme los dientes, me quedé pasmado bajo uno de los cielos más estrellados que he visto en mi vida.
De vuelta al día siguiente paramos en casa de Karim a pescar y comer pescado. El hombre no puede ser más simpático, nos contó (era y es aún una costumbre en Asia Central) cuando secuestró a su mujer para poder casarse con ella. Eso sí, después los dos nos dijeron que a pesar de eso se llevaban muy bien.
El poco pescado que pudimos coger me supo a manjar del paraíso después de 5 meses sin probarlo.
A
yer y hoy los mosquitos se han cebado conmigo. Nunca en mi vida, las picadas me habían dado tanta reacción, mi brazo parecía el de Sylvester Stallone. Karim me puso un ungüento llamado Mumia que extraen de una especie de marmota que habita por aquí. También nos habló de la caza de la Marco Polo, una cabra parecida al muflón y que les sirve de sustento durante el frío invierno.
Nos costó irnos de vuelta y coger las bicicletas para ir de vuelta a Murgab.

1 comentarios:

Lucas dijo...

Jodoo nen, f a n t á s t i c o relato.

Dan ganas de ir a visitar al señor Karim a pescar y ver las strellas en su casa... vamos, que dan ganas de hasta ponerse el ungüento mágico de marmota no te digo mais!

ánimo y a seguir así, que todavía te quedan cienes de cosas acojonantes!!