26 sept. 2008

En la puerta de los Himalayas

Antes de comenzar este viaje, recuerdo que comenté algo sobre la película Viaje a Darjeeling. Con mi cambio de planes sobre la India, he acabado tomando el Darjeeling Mail para dirigirme desde Kalkota hasta esta pequeña ciudad de Bengala Occidental , puerta de entrada a la provincia de Sikkim y los Himalaya, hacia donde me dirijo. Otras 12 horas de tren nocturno me llevaron hasta Siliguri, una especie de nudo de comunicaciones que conecta la India con Nepal, Bhután, Bangladesh, Sikkim y las provincias del noreste de la India.


En un ciclorickshaw me desplacé desde la estación de trenes hasta la de guaguas. Aquí me he vuelto a encontrar con los jeeps compartidos que son la principal forma de moverse en el Himalaya Hindú. A veces es alucinante la cantidad de gente que puede entrar en un vehículo de este tipo (yo he estado con 5 personas más en una fila). Lo más divertido es que en muchas ocasiones alguien se sienta a compartir el asiento del conductor y este lógicamente tiene que conducir de lado.


En tres horas de subida entre la jungla alcanzamos los 2.100 m. de altura a los que está Darjeeling.
Esta ciudad es muy, muy interesante; en sus concurridas calles y especialmente en el Chowk Bazar, hay una mezcla de hindúes, nepalíes y tibetanos que le da una personalidad especial. Para broche el paisaje: detrás de las verdes laderas y de escenario de fondo está nada menos que el Kanchenzondga, la tercera montaña más alta del planeta con sus 8.598 m.
Al día siguiente de llegar, me levanté a las 4 de la mañana para subir hasta la colina del tigre desde donde, si la suerte acompaña, se puede ver un estupendo amanacer sobre las Cordille
ra de los Himalayas. A esa hora tan intempestiva, recorrí el pueblo hasta encontrar un taxi o un jeep compartido que me llevara hasta la cumbre.
Aunque
las cumbres más altas estaban un poco nubladas, realmente es un sitio espectacular para ver el amanecer sobre las montañas.


Yo decidí bajar a pie los 11 km. hasta Darjeeling. En el camino, aparte de meter las sandalias en algún charco de barro para acercarme a algún punto donde ver mejor la Cordillera, me detuve en un par de Gompas (monasterios budistas) en el pueblecito de Ghom. En uno de ellos, los monjes, que en su mayoría son niños o como mucho adolescentes, estaban dando un auténtico recital de música con los instrumentos tibetanos.


Otro de los atractivos de la ciudad son los campos de té y el proceso de recogida y fabricación. Allí están las mujeres con sus cestas dale que te pego y uno se pregunta: ¿donde estarán los hombres?... La respuesta es obvia, ¡bebiendo té en algún restaurante!.


Después de 6 ó 7 horas dando vueltas por los rincones más reconditos del pueblo llegué al hotel y me encontré con la sorpresa de ver aparcado a 10 minutos de mi hotel el coche de Oliver, el alemán con el que compartí camino en su todoterreno en Irán. Es increíble como después de 2 meses y medio y miles de kilómetros por medio, la casualidad puede llevar a encontrarte con alguien en otro lugar tan distante. Lamentablemente él se dirigía en otro sentido así que sólo pudimos compartir un par de horas.




1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Gus:Ya veo que sigues la ruta prevista y te encuentras en Banglades. Te estás acercando a los Himalayas que era unos de tus objetivos. Imagino como lo estarás viviendo. Como ya te ha dicho otras veces parece que estamos viajando contigo con todas laas vivencias que nos cuentas. Por las últimas fotos que has mandado te veo muy bien y en forma. Así que sigue cuidandote para que vuelvas sano y salvo.
Por aquí todo bien. Hablamos con Parti y siempre nos cuenta cosas que habla contigo. Ella está bien. Dáilos también me cuenta cosas tuyas porque se conecta con frecuencia contigo. Ayer empezaron a caer las primeras lluvias aumque todavia hace bastante calor.Salva esta ahora en Barcelona y luego ira a Holanda. Por casa de Pili y Néstor Todo bien los niños en en cole y sua deportes. Bueno Gus hasta otrp ocación y muchos besos.
La Gomera.