24 sept. 2008

La ciudad de las dos caras

Kolkata o Calcuta, como la llamamos en español, es otra de las macrociudades de la India que casi alcanzan la cifra de los 15 millones de habitantes.

Durante los tiempos del Imperio británico fue la capital de la India y la ciudad está plagada de edificios de arquitectura colonial (muchas veces muy deteriorados), de catedrales, de monumentos como e impresionante Memorial Victoria. De hecho los habitantes de la ciudad se precian de que Kolkata es el centro intelectual de la India.

Pero hay otra cara en esta ciudad: la pobreza. Mendigos en casi todas las esquinas, mujeres y niños organizados por crueles mafias, gente rebuscando en la basura por algún restos de papel.

Uno de los mayores exponentes de la pobreza de Calcuta es que es el único lugar del mundo donde todavía existen rickshaws traccionados por hombres a pie. Impresiona ver ancianos con cuerpos que no sé si llegarán a los 50 kilos, los pies descalzos sobre el asfalto y acarreando con dos o tres personas en el rickshaw. La parte más pobre de la ciudad está en el margen oeste del río Hooghly y el impresionante puente suspendido de Howrat que recorren ríos de gente. El margen este sin embargo tiene todos los servicios, hasta metro
Aquí me he dedicado a dos cosas: un poco de burocracia (el permiso especial para visitar Sikkim y el visado de Bangladesh) y a caminar kilómetros y kilómetros por la ciudad.

Los últimos coletazos del monzón están dejando sus precipitaciones en forma de chaparrón sobre la ciudad. Es increíble como tras una mañana soleada, sobre la 1 de la tarde y en 20 ó 30 minutos aparecen las nubes negras, descargan y inmediatamente después aparece de nuevo el sol.

En Kalkota se puede disfrutar mucho de los puestos en la calle, tanto de comida, de zumos de frutas como de pequeños y deliciosos dulces.
Esta vez la burocracia no me dió mucho la lata salvo que tuve que acercarme varias veces a las distintas oficinas y embajadas por distintos motivos. En los países del subcontinente indio, a la hora de solicitar un visado, suelen concertar una entrevista con el embajador o el cónsul.

Por si alguna vez tienen que acudir a alguna de estas entrevistas, voy a describir la misma:

Tras esperar un buen rato en una salita de estilo sanidad pública, me llamaron y me senté en una cómoda silla detrás de la gran mesa del cónsul.

El susodicho, mirando por encima de las gafas hacia el formulario de solicitud del visado empezó con las preguntas:

Cónsul- ¿viajas sólo?

Gus-

Tras 1 minuto y un par de llamadas a su móvil, prosiguió...

Cónsul- ¿La visa es por 30 días?

Gus- Sí*, bueno igual un poco menos (por dar un poco de conversación)

Cónsul- puede pagarle las tasas a la secretaria y recoger la visa en la ventanilla del consulado esta tarde.

Gus- Muchas gracias, que tenga usted un buen día.

Fin de la entrevista

*(está claramente especificado en el formulario)

Después de semejante "esfuerzo psicológico" y consiguiente pérdida de tiempo (la mañana se te va sólo en eso) ya no me quedó mucho más que tomar un café y un sandwich, dar un paseo por la ciudad, recoger la visa y dirigirme a la estación de trenes hacia mi siguiente destino.

1 comentarios:

Luis Miguel dijo...

Unos fotos muy muy guapas. Un saludote