14 oct. 2008

Un viaje por el interior de Bangladesh

Tras volver desde Cox's Bazar de nuevo hasta Dhaka, estuvimos esperando hasta poder salir hacia la villa de Panna. Al final, después de todo, abandoné la capital con destino al sur en compañía de Cristina y Panna. Ya nosotros sospechábamos que no iba a ser fácil llegar a Khulna, la segunda ciudad del país pero el viaje fue todo un catálogo de sucesos. Estos días se va a celebrar con la luna nueva el Edday que cierra el periodo del Ramadán. Este día es algo así como nuestra Navidad y todo el mundo quiere volver a casa para celebrarlo con sus familias. Los autobuses, que ya normalmente van con gente en el techo iban hasta la bandera. Tras buscar en varios lugares, llegamos a una estación de autobuses que era la máxima expresión del caos: la gente intentando buscar los últimos billetes, las guaguas atascadas en la salida. Al final conseguimos 3 billetes. El problema de este trayecto es que hay que atravesar el Padma (el Ganges en India) que es un trayecto de dos horas en ferry. La guagua nos dejó cerca del puerto y cuando fuimos a coger un bote mediano, Panna dijo que no era seguro y que mejor era coger el transbordador. Sin embargo, al llegar al otro lado nos encontramos con la desagradable sorpresa que no había ninguna guagua esperándonos . Parece ser que la compañía no sólo había engañado a la gente de nuestro autobús (incluyendo a nosotros) sino también a uno anterior que llevaban esperando muchísimas horas. La gente estaba muy nerviosa, no solo porque no podían seguir camino para encontrarse con sus familias sino también por los 200 thaka extras (2 euros que para muchos de ellos es bastante dinero) que habrían de para coger por otro transporte. Llegó un momento que empezaron a echarle las culpas a Panna por haber sugerido el cambio al ferry y yo temí por un instante que la gente podía acabar hasta pegándole. Al final la cosa se tranquilizó pero tuvimos que esperar 2 horas hasta que amaneciera y poder empezar a buscar otro transporte. Encontramos otro autobús que se fue llenando hasta que quedó completo. Sin embargo, el conductor no arrancaba hasta que todo el mundo empezó a bajar de nuevo. Yo ya me tomaba todo con resignación hasta que el conductor dijo… vale vale vamos. Cristina y yo subíamos y bajábamos con mezcla de resignación y cansancio.

Ya comenté que aquí los autobuses van a toda velocidad pero esta vez si que tuvimos un susto. No se cual de los dos invadió el otro lado pero los buses se rozaron los laterales. El conductor dió un volantazo y la guagua, tras hacer un par de eses, recuperó el control. Todos dimos un suspiro y hasta el conductor siguió el camino a velocidad prudente.

Ahí no acabó la cosa porque a los 20 minutos el motor del bus dió un último suspiro y pasó a mejor vida. Otra vez mochilas al arcén y a esperar otro transporte. Después de 2 autobuses más, un ferry para cruzar otro río y un rickshaw alcanzamos por fin Morelganj, la villa de Panna, frescos como una lechuga... tras 20 días en el vertedero. Menos mal que todos estos momentos nos los amenizaba la gente que siempre estaban atentos a nosotros porque si no las 15 horas que tardamos al final se hubieran hecho muy, muy largas. Por cierto, las fotos no corresponden exactamente con lo que cuento pero es para darle un poco de color al post!

1 comentarios:

Lucas dijo...

Menuda gymkana!!!