30 nov. 2008

Brunei Darussalam

Entre los estados malayos de Sarawak y Sabah hay incrustado un pequeño e interesante país: Brunei. La superficie del mismo es de solamente 6.000 kilómetros cuadrados y a mi, particularmente me resultó un sitio bastante curioso. La presencia de grandes bolsas de petróleo hacen que este país, de fuerte tradición musulmana, sea uno de los países con mayor riqueza y bienestar social de toda Asia. La familia real es inmensamente rica y en su momento, el Sultán de Brunei fue el hombre más rico del mundo. Todo lo que rodea a la familia real aquí es absolutamente extravagante: el palacio más grande del mundo (más de 1700 habitaciones) para sólo 20 inquilinos, 200 coches que no son precisamente ford fiestas, una cuadra con 400 caballos traídos de Argentina...
Después de alojarnos y pasar la noche en Miri, la ultima ciudad antes de la frontera con Brunei, continué mi camino en compañía de nuestro agradable grupo, ya llevamos una semana juntos y la verdad es que estamos los cinco bastante a gusto.
Después de varias combinaciones de autobuses y una frontera muy sencilla de cruzar, llegamos con éxito a Bandar Seri Begawan, la capital del país.
Después de tantas megalópolis sorprende estar en esta ciudad de tan solo 60.000 habitantes, incluso muchos de ellos extranjeros que vienen aquí a ganarse la vida. La vida aquí es muy tranquila y segura, en las calles casi no hay policía y los delitos son prácticamente inexistentes. Todavía, al igual que en Singapur, el tráfico de drogas en este país deviene en condena de muerte.
Aquí encontrar alojamiento económico es bastante complicado. Afortunadamente el gobierno ha construído un Youth Hostel que a precios razonables tiene todos los servicios; hasta hay una cercana piscina municipal para darte un baño (primera vez que me pasa). Estábamos con poco tiempo y con pocas ganas de organizar algo por nuestra cuenta así que, en unión de Owen y David, un irlandés y un checo que también se alojaban allí nos apuntamos con el manager del hostel para dar una vuelta nocturna por la ciudad.
La principal atracción de la ciudad son las opulentas mezquitas de Omar Ali Saifuddien y Jame'Asr Hassanal Bolkiah culminadas con cúpulas doradas y cuyo interior esta construído con mármoles traídos expresamente de Italia, alfombras belgas y todo tipo de lujos posibles.
A cenar nos fuimos a el mercado nocturno. Aquí, curiosamente, los mercados son ciertamente atractivos y todavía por menos de 1 euro te puedes comer un buen plato de comida. También hay distintos tipos de frutas tropicales que no había visto en mi vida.
Al final cruzamos el río para dirigirnos a la "villa acuática" donde escarbas un poco y descubres el porque la gente quiere tanto a la familia real: ejemplos como operaciones medicas costeadas por el gobierno, viviendas sociales de lujo a precios irrisorios y puesto de trabajo asegurado para todos los ciudadanos de Brunei.
Por cierto, otra de las excentricidades que tiene la gente aquí es absoluta pasión por los karaokes, en la vivienda que nos metieron tenían unos altavoces de 1 metro de alto y su equipo perfectamente preparado para cantar...
Yo acabé la noche conversando en compañía de Owen y David... y de algún que otro vaso de vodka por invitación de mi compañero irlandés.

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