15 nov. 2008

Singapur

Singapur es un pequeño estado insular de apenas 1000 km2. Gracias a su estatus, el libre comercio siempre ha florecido aquí. La entrada a este país se realiza desde la ciudad fronteriza de Johor Bahru en Malasia. Nada más llegar se advierte que es el estado económicamente más poderoso de toda la región (junto a Brunei) con una renta per cápita que iguala o supera a muchos estados europeos.
El paso fronterizo entre ambos países es extremadamente sencillo, no te lleva más de cinco minutos en cada lado, en total una hora para llegar desde la estación de guaguas de Johor Bahru hasta el centro de Singapur; atraviesas el puente que une la península con la isla y te encuentras con autopistas de cuatro carriles por sentido y rodeados de alineaciones de árboles aunque creo que ya he comentado que las infraestructuras en Malasia tampoco están nada mal.
A mi, Singapur me ha parecido una de las ciudades asiáticas más interesantes. La tradicional liberalidad religiosa y racial hace que la ciudad sea un centro de encuentro entre diferentes culturas, sobre todo las musulmanas, chinas, hindúes y la occidental. En una calle me encontré una tras otra con una mezquita, una iglesia, un templo hindú y para rematar un templo budista.
El alojamiento (y casi todo) en Singapur es bastante más caro que en los países de alrededor
así que al final nos alegramos cuando encontramos un sitio aceptable en el que en compartía dormitorio con nepalíes, hindúes y nigerianos.
Si en Kuala Lumpur ya atisbé algo de multiculturalidad, en Singapur es sin duda el máximo exponente. El barrio de la Pequeña India es realmente una pequeña porción de el subcontinente en esta ciudad. Por todos lados hay restaurantes de comida hindú, tiendas y olores como en la India. Sin embargo, ciertamente todo es mucho más limpio que en su país original. Chinatown es una mezcla extraña porque aunque el fondo es colonial (las casas son de ese estilo) la forma es china (los farolillos, los carteles en chino...)
Singapur es un lugar con muchos edificios singulares, auditorios, centros comerciales y entre ellos edificios de corte clásico como el antiguo Parlamento o el Victoria Hall. La parte más espectacular es el CDB que es el corazón financiero de la ciudad y que en muchos momentos me recordó al de Shangai. Nos pasamos horas y horas caminando por las calles.
Durante la cena conocimos a Oscar, un español que lleva más de dos años viviendo en la isla de Java en Indonesia y que espero encontrarme de nuevo cuando pase por su ciudad, Yogyakarta. Una cervecita (o dos..) después de bastante tiempo no me vinieron nada mal...

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